martes, 30 de junio de 2009

Gripe A o Influenza humana en Charata

No hay casos confirmados de influenza A/H1N1 en nuestra ciudad, según médicos responsables del hospital local y las clínicas privadas.
Los casos que presentas síntomas similares a dicha afección, son analizados por el "nexo epidemiológico", y hasta el momento se han diagnosticado como gripes estacionales.

La aclaración que pretendo hacer, es la siguiente:

Conociendo esta pandemia, desde hace unos largos dias, estando en contacto online con amigos mexicanos, y leyendo varios medios informativos, nacionales e internacionales, reflexioné sobre la situación de mi ciudad.

Si los pacientes con síntomas, se descartan como infectados por A/H1N1 por el "nexo epidemiológico" deberíamos tener pleno conocimiento de las Provincias Argentinas que han declarado oficialemnte casos.
Para la cual internet es el medio informativo por exelencia, elegido para informar en forma global la situación sanitaria mundial.


Esuchando declaraciones de médicos Charatenses, descubro que como nexo, analizan personas que hayan viajado a Bs. As. y detecto un groso error.

La influenza humana, está más cerca que eso.

Solo tres provinvcias argentinas NO registran casos: Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero aún no detectaron infectados positivos de la nueva enfermedad, que en el país ya produjo 17 muertes y 1.297 contagiados.

Es decir, en Chaco ya existe el virus.  A prestar atención a los Síntomas. Y tomar medidas de prevención.

lunes, 29 de junio de 2009

Situación sanitaria - Crítica.

Luego de las elecciones legislativas, llevadas a cabo el dia de ayer en toda la República Argentina, hay cambios, y seguimos igual.

¿Cómo es esto posible?
  Enumerando las razones, podrán comprender.

1- El hospital local sigue con GRAVÍSIMAS carencias: 

A pesar de haber recibido una importante modernización en su equipamiento, siguen habiendo garndes inclonclusiones, la falta de equipo médico es lo mas desesperante. 
Comentaba el director del nosocomio, a un medio local (FM Sudoeste) que no solo hay vacantes por cubrir, sino que se complica, al existir puestos que no son cubiertos por el personal asignado, teniendo los mismos certificados o licencia que avalan su ausencia.
No cubren las necesidades en sectores como: bioquímica, guardias (cuentan con solo dos médicos disponibles, haciendo una labor sobrehumana, atendiendo al 70% de la población, que es la que consulta el sector público de salud en esta ciudad) enfermería, cirugía.
 
Dr. Rubén Hemadi, director del hospital de Charata.




2- La carpa sanitaria se retira de Charata:
En el dia de hoy, como si dependiera de la campaña política, la carpa sanitaria eviada por Nación, se aleja de Charata y sus carencias.
A pesar de que nuestro problema con el dengue, sigue latente, las autoridades han antendido que la carpa ya no es necesaria.Así como entendieron que el dengue ya dejó de existir en toda la provincia.
Entonces quedamos otra vez si un apoyo de gran importancia para nuestra comunidad, quedando en manos de los dos doctores, casi héroes, que están sobrellevando la labor en el hospital.
 
Carpa sanitaria-DINESA.


3- Renuncia efectivamente Graciela Ocaña:
Si bien esta señora no era especialista en ninguna rama de la ciencia de la salud, estaba resolviendo con los recursos disponibles, y de manera seria, las graves situaciones sanitarias del país.
Cuando se hizo presente en Charata, no escatimó en esfuerzos, y colaboró con nosotros siempre.
Gracias a la gestión de Ocaña pudimos tener las mencionadas carpas sanitarias, partidas de medicamentos, y equipos necesarios para la fumigación de todos los establecimientos públicos y hasta los domicilios.
Su retirada de este puesto, nos deja bajo el desamparo.
Resumiendo, la situación en el area salud en Charata es muy grave, tanto que llega a desesperar al extremo, de que el director del hospital, a pesar de su compromiso con la gente, deja de luchar contra las insuficiencias, y se retira a cualquier precio.
Me recuerda al querido doctro Favaloro...
La desesperación mata, la indiferencia enloquece..
La gente muere, estamos muriendo antes ...
¿Qué vamos a hacer como comunidad?
 
¡¡NO CALLAR!!

miércoles, 17 de junio de 2009

Chau Fernando...

Hoy nos dejó una persona que siempre ayudó a pensar, a interrogar, a intentar saber lo que todos dejamos pasar.
Hoy dejó de existir una persona mediática, polémica, diferente...
Se fué Fernado Peña, lástima.
Igual, les comparto unas palabras, por si no conocían la capacidad hermosa de transmitirlas que lo hacía único.
Chau Fer, chau Sida de mierda, chau maldito tumor, nos vemos allá arriba.

Fernado dijo en un reportaje:
En el día de mi cumpleaños quiero regalarles a todos ustedes este manifiesto:

Perdón si te rompí el corazón. Perdón si te debo plata. Perdón si te lastimé. También te pido perdón si me odiás y si te causo rechazo. Perdón si no estás de acuerdo conmigo. Perdón si te di
vuelta la cara. Perdón si no te firmé ese autógrafo. Perdón si no te di esa foto. Perdón si te contesté mal. Perdón si me enojé. Perdón si no te fui a saludar. Perdón si puteé y tuviste que bajar la radio porque estaban tus hijos en el auto. Perdón si mentí. Perdón si digo siempre la verdad… yo también te perdono porque vos también me hiciste todo lo anterior. “¡Ayyy, Peña, te me pusiste profundo y melancólico otra vez!” “¿Dónde está el transgresor?”, “¿Dónde está el puto zafado?”, “No me gustás así”, “Sí, seguí así, Peña, te quiero así”, “Estás viejo para tanta rebeldía, Peñita”… y siguen opinando, y siguen ladrando. Qué sé yo...

Agarrate. Voy. Crudo.

Lo voy a escribir sin puntos y sin comas para que lo tragues rápido, como una cucharada de Benadril. Voy. Va.

Hace dos días un ómnibus que iba a la ciudad de Salta chocó en Santa Fe y se mataron tres mujeres, una de las mujeres se llamaba Felicitas Felicitas estaba en la vida de mi amigo Marcos a Marcos le gustaba Felicitas y Marcos no se animó y pensó cuando vuelva de viaje la llamo retomo y me enamoro Felicitas se mató y Marcos abrió los ojos grandes como dos huevos duros y quedó pensando mientras Felicitas vuela en sabrá Dios qué nube… ¿lo tragaste?

Mientras dicto esto a María José, que me tipea, me pregunta si es cierto esto. Le digo que sí y me pregunto qué cosa extraña nos lleva a los seres humanos a desconfiar de la muerte. Feliz muerte, Felicitas; feliz cumpleaños, Peña. Cumplir es morir un poco más. Morir es cumplir un poco más. Mientras ella cumple con la vida, yo muero en mi cumpleaños.

“¡Ahhh, ahora sí te pusiste profundo, Peña.” Pensá lo que quieras, defensas te sobran, excusas también. Termino. Concluyo. Digo feliz cumpleaños a mí, feliz cumpledía lector, hoy cumplo años pero tu vida no está on hold, todos cumplimos segundos, minutos y el tiempo corre mientras otros soplamos velas… siempre te lo digo: “¡Guarda con el paso del tiempo!”. Me lo enseñó Oscar Wilde cuando tenía nueve años y para asumir mi homosexualidad incipiente leía a escondidas a este puto a mil voces. Se comentaba en el St. Andrews que mucho más que el Happy Prince no se nos podía dar a leer, ¡a ver si todavía nos contagiábamos!. Pero yo a escondidas te hojeaba, Oscar, y ahí encontré la hermosa frase: “Life is what happens while we are doing something else”.

Chau Felicitas, hola Peña, hola mi querido lector, sos un nabo, te amo… no tengo ni la más puta… cómo saber qué piensa el otro, cómo meterse en la cabeza del otro. Como dijo Alejandro: “Y, viste cómo es, uno nunca termina de poder entender lo que en realidad piensa la gente”; se me pianta un lagrimón. Se me hizo un lío en la garganta y una galleta en el puño.

No tenía ni la más puta… ni la más puta clue, Oscar… de que yo iba a estar tan triste por la muerte de Felicitas y tan feliz por mi renacimiento en este 31 de enero.

Esto es un papelón, digo, utilizar la contratapa de un diario tan serio para masturbarme con mi cumpleaños. Esto es digno, digo, utilizar la contratapa de un diario tan serio para festejar mi cumpleaños. Siempre van a opinar lo que quieran, cómo meterse en sus cabezas.

Te aburrí… y tu silencio también me aburrió, lector.

Como decía mi tía Yolanda: “¡Que difícil es todo!”, hacerse entender, digo, o como me dijo Alejandro, blablabla.

jueves, 11 de junio de 2009

La Argentina Insolente

En mi casa me enseñaron bien...
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.
No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.

Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.

Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.
Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente.

La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible.
El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo.  Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.

Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba. Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.

Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.

Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.

El mal de los argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro principios:

- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.
La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira. Así nos vamos a quedar sin trabajo todos. Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.
PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.
Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada. Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.

Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío. Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.

¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?
Espero no haber sido insolente. En ese caso, disculpe.
Dr. Mario Rosen

(¿Sería muy insolente si le pido que lo transmita?)
Me complace que hayan elegido emprender este viaje conmigo. Es mucho más fácil y mucho más divertido con ustedes que sin ustedes. (Neale Walsh...y yo.)